La diversidad intergeneracional, más allá de un reto demográfico: una palanca transformadora para el desarrollo local

Artículo sobre longevidad y cambio demográfico en España: repensar el modelo de vida, combatir el edadismo y activar el talento intergeneracional desde lo local.
Colaboración intergeneracional

España envejece. No es una metáfora ni una proyección lejana: es el presente. Dicen que somos el segundo país más longevo del planeta, con una esperanza de vida de 83 años que crece a razón de seis minutos por cada hora que pasa. Es muy probable que para 2040, seamos el país más longevo de la Tierra, por delante de Japón. Y sin embargo, seguimos gestionando el talento humano como si el mundo se hubiera detenido en 1880.

Por otro lado, la tasa de fecundidad en España se sitúa hoy en 1,19 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional (2,1). La pirámide demográfica se ha invertido. En 2050, cuatro de cada diez españoles tendrán más de 65 años. Estos datos no son solo estadísticas: son el preludio de una transformación profunda de nuestro modelo productivo, de nuestro Estado del Bienestar y, en última instancia, de cómo nos organizamos como sociedad.

El modelo secuencial de vida: ¿una herencia del siglo XIX?

Cuando el canciller alemán Otto von Bismarck fijó la edad que daba derecho a los 65 años en 1889, la esperanza de vida en Europa era de 52 años. En España, el Conde de Romanones estableció la pensión a esa misma edad en 1919, cuando los españoles vivían de media apenas 43 años. Hoy vivimos décadas más, pero el marco mental sigue siendo el mismo: estudias, trabajas, te jubilas. Como señala el economista Mauro Guillén, llevamos más de 150 años reproduciéndolo generación tras generación sin cuestionarlo, «sin ser totalmente conscientes de que este modelo se está quedando obsoleto».

¿Podemos imaginar otro modelo? La neurociencia ofrece una pista valiosa. Mientras que la inteligencia fluida —la capacidad de manejar datos y aprender rápido— alcanza su pico en torno a los 20 años de carrera, la inteligencia cristalizada —la sabiduría acumulada, la capacidad de sistematizar, de interpretar lo complejo— continúa creciendo. Como escribió Raymond Cattell, hay dos curvas en la vida intelectual de una persona, y las empresas y territorios que solo apuestan por la primera están desaprovechando la mitad de su potencial.

El edadismo: la discriminación silenciosa

La Organización Mundial de la Salud identificó en 2021 el edadismo —la discriminación por razón de edad— como la causa más extendida de exclusión social, responsable del 22% de los casos de discriminación. Paradójicamente, afecta tanto a los mayores de 50 años, víctimas de prejuicios sobre su empleabilidad, como a los jóvenes, cuestionados por su supuesta falta de compromiso y otros prejuicios varios. Los estereotipos actúan como una profecía autocumplida cuando se instalan en la cultura organizativa y en las creencias personales, y el resultado es el despilfarro del talento en ambos extremos del espectro generacional.

Estas reflexiones formarán parte de la ponencia «Diversidad Intergeneracional desde el punto de vista de las personas y su talento», que tendré el honor de llevar a cabo en el III Congreso Nacional de Desarrollo Local bajo el lema «Innovación en el Pacto Intergeneracional», que se celebrará en Castellón los días 24 y 25 de marzo de 2026. Un congreso que no pretende cerrar debates, sino abrir caminos: traducir los grandes principios del Pacto Intergeneracional en propuestas reales y aplicables desde los territorios.

Porque quizás la pregunta más poderosa que podemos hacernos hoy no es cómo gestionar el envejecimiento, sino cómo construir comunidades donde cada generación aporte lo mejor de sí misma. El pacto intergeneracional no es una abstracción política: es, en esencia, lo que siempre hemos sido como especie. Un vínculo de cuidado mutuo. Una alianza para el bien común. Y una oportunidad, si sabemos verla, para reinventar desde los territorios la forma en que vivimos, trabajamos y construimos una mayor longevidad juntos.

Tomás Pereda Riaza

Subdirector General de Fundación máshumano y HR Senior Advisor